PEDAGOGÍA MUSICAL ¿SÓLO MÚSICA?
PEDAGOGÍA MUSICAL ¿SÓLO MÚSICA?

Ya hemos escuchado hablar del Efecto Mozart o de lo efectivo que es método Suzuki. En este post vamos a hablar acerca de lo que la música nos aporta y no es música (raro, pero cierto). Para lo que vamos a hablar nos da igual la edad, la condición física o lo que hacemos un domingo por la tarde. Nadie se escapa de estos “efectos” de la música; bueno, para entendernos desde el principio, vamos a hablar de los beneficios personales que tiene la música en las personas, y más aún si tu relación con la música es la intérprete (amateur o profesional) y no solo como oyente. Es cierto que estos beneficios no solo se obtienen de la música, otras disciplinas también los trabajan; podemos decir que son, grosso modo, innatos a las artes.

Aunque son diversos los beneficios que podemos obtener, en este post vamos a hablar de cuatro: auto-disciplina, auto-conocimiento, compromiso y responsabilidad.

El aprendizaje musical, ya sea en escuela o conservatorio, requiere una disciplina por parte de la persona que lo realiza. Horas de ensayo, clases de instrumento y otras clases que no son solo instrumentales (que generalmente son las que gustan al alumno), también tenemos que aprender lenguaje musical, armonía, etc. Para que todo esto se lleve a cabo, se requiere de una auto-disciplina que te permita cubrir con éxito tus objetivos. No solo esto, cuando el músico ha “finalizado” su formación, esta autodisciplina debe permanecer durante toda su vida. He escrito “finalizado” porque en realidad nunca paramos de formarnos…

Os imaginaréis que a esta auto-disciplina le acompañan muchas horas de ensayo, y muchas de esas horas son individuales. Ensayos en los que sé lo que tengo que estudiar (porque no me sale) y lo que sé que, aunque quiera, no tengo por qué estudiarlo (porque ya me sale). Es decir, nuestras horas de ensayo son horas de saber dónde están mis avances y dónde están mis “áreas de mejora” (por decirlo suavemente). Esto nos lleva a otro de los beneficios: el auto-conocimiento. También está directamente relacionado con la competencia de aprender a aprender (en otro post hablaremos de esto).

No quiero dejar la imagen de que nos pasamos horas y horas estudiando solos: yo, mi instrumento y mi atril. Todas estas horas merecen la pena por pasar dos horas semanales (o las que sean) en banda y orquesta. En estas agrupaciones no solo coincidimos con gente de todas las edades e instrumentos, sino que aprendemos uno de los beneficios más importantes: el compromiso. Lo importante de este tipo de agrupaciones es que yo sé que mi rol (sea concertino, flauta 1, trompa3 o tuba 5) es importante y afecta al resultado de un todo; un todo que, además, es común.

Esto último, sobre aceptar roles y ser consciente de mi papel dentro de una agrupación nos lleva directos al cuarto beneficio personal que vamos a citar en este artículo: la responsabilidad. Cuando aceptamos el rol (sea el que sea), no solo somos conscientes de las horas que necesitamos para aprendernos la partitura, sino que tomamos consciencia de nuestro papel dentro de una agrupación, cuándo llevo yo la melodía y cuando llevo la armonía que ayuda a otro rol a ser el protagonista.

Todos estos aspectos, que en un primer plano se aplican al día a día musical, se extrapolan a nuestra vida diaria. Cuando nos pregunten por qué apuntamos a nuestro niño o niña a música o cuando nos planteemos por qué empezar una formación musical (sea cual sea la edad), son estos beneficios los que debemos tener presentes.

Isabel Cardona

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